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Lunes, 31 de marzo de 2025



FORO DE LECTORES


La decadencia del partido político y la idealización racional del candidato

Juan Diego Sánchez Sánchez [email protected] | Viernes 28 marzo, 2025


JDS


Dr. Juan Diego Sánchez Sánchez, Ph.D

Asesor y analista financiero, abogado, profesor e investigador

Al acercarse la contienda electoral, y con un panorama aún incierto en materia de las propuestas y la oferta existente para la escogencia del próximo presidente, así como el poder legislativo, pueden empezar a vislumbrarse algunos esbozos de lo que parece ser una papeleta extensa en demasía, señalando opciones que abarcan desde los extremos casi risibles en la derecha y en la izquierda, así como conservadores y liberales, precisando lo que denota ser una elección bastante compleja en materia de la elección.

Es precisamente del concepto anterior donde puede desprenderse la idea del sesgo de elección, el cual radica en la concepción que señala que, a mayor posibilidad de elecciones eventuales, la superposición de escogencia es a la vez de mayor influencia, implicando una distorsión en materia de la decisión final que la persona realiza al momento de plasmar su voto. Esto indica la existencia de sesgos de agrupamiento a temas tales como la tradición por un determinado partido político, la congruencia en creencias personales, o bien, la corriente sociológica presente en la colectividad al momento del proceso del sufragio, mostrando así lo que parece ser una decisión final un tanto sesgada o compleja.

En esta línea surgen dos conceptos de interés, siendo estos la tradición y la herencia dadas hacia una determinada bandera o agrupación, además del alineamiento de creencias individuales para con la personalidad política elegida. Puede observarse lo que parece ser una dicotomía relevante, pues por un lado se tiene lo que entiende ser un voto hacía una línea histórica sin mayor análisis, sino solo por una una descendencia y preferencia familiar devenida hacia una agrupación electoral sin importar el candidato o estructura partidaria, y por otro lado, una línea de voto, no tanto por el partido, sino por una congruencia en creencias personales para con el candidato de preferencia.

Ahora bien, aunque es innegable que aún se observa una existencia tradicionalista en la elección del voto, esto principalmente por personas que tienen un mayor apego familiar y una historia de mayor cuantía en sus decisiones políticas, lo cierto del caso es que el acceso a la información y la difusión de índole masiva de las propuestas, así como la proliferación de elementos como las redes sociales y los medios alternativos, han logrado una especie de conciencia individual en una gran parte de la población votante, quienes más allá de estructurar su conducta sufragista en su ascendencia política, tienden a realizar una valoración de las ofertas electorales y buscar un alineamiento hacia aquella que parece ser más congruente con sus creencias y fundamentos existenciales mismos.

Llama la atención en este punto el concepto de la idea tradicionalista del partido político, la cual deriva de agrupaciones con mayor bagaje, que involucran una historia familiar de atinencia hacia esta colectividad, misma que ha sido estructurada por generaciones anteriores y definida de forma implícita como una regla del núcleo convivencial. Esta norma, aunque pudiese no resultar ser formal en las familias, deriva en una elección de votos sin mayor razonamiento más allá que el apoyar a la misma fórmula partidaria, indiferentemente del candidato y de los cuestionamientos que pudiesen realizarse, esto sin más discusión de la realidad socioeconómica misma.

Aunque lo antes señalado sigue teniendo tintes prácticos en la actualidad, este concepto de grupo de acción política de tradición familiar ha perdido fortaleza, dando paso a lo que señala ser un análisis racional o emocional del candidato, ponderándolo por encima de la agrupación misma, dando pie al la idea referente a la decadencia del concepto del partido político, implicando que más allá de lograrse un voto mayoritario por una simple tradición sin cuestionamiento, el sufragista parece enfocarse en la persona candidata, sus características, su formación y muy importante, las posiciones económicas e ideológicas, así como sus creencias, instituyendo lo que podría llamarse la idealización informada del candidato.

El concepto anterior debe también ser abordado con extremo cuidado, pues si bien es cierto, en primera instancia señala una ponderación mayor de la persona postulada por encima de la simple línea histórica partidista, puede también conllevar la creación de un falso absoluto de superioridad moral e intelectual en el candidato, implicando que dicha idealización señalaría ser falsa y más bien, pudiese repercutir en un voto emocional e impulsivo, o bien, incluso, en función de lo que se conoce como una decisión reversa, o mejor dicho, aquellas que se toman únicamente en aras de ir en contra de una colectividad mayoritaria.

En este punto vale destacar que el ideal del partido político que por si solo es correcto en su elección y no admite cuestionamiento, no parece tener la misma potencia e influencia existente décadas atrás, donde su funcionamiento implica un estructuralismo conductual de tal valía que las elecciones nacionales se dan bajo la figura del péndulo, es decir, un cambio en el poder por permuta en la agrupación política cada periodo que se celebran los comicios. Este punto revela una precognición de los votantes definida para el partido como tal, pero no un análisis fundamental de sus postulados, o bien, de la persona a elegir, tema que parece perder fuerza en la actualidad, pues no solamente se ve disminuido en su desenvolvimiento por un mayor acceso a la información, sino también, por una dilución superpuesta de amplias elecciones posibles en la papeleta ofertada con una variedad vasta de candidatos.

El análisis antes planteado parece correcto, pues en esencia revela una mayor importancia dada a la valoración del candidato por encima de una simple bandera política, deviniendo así en esta idea de la decadencia del constructo social que una agrupación política de herencia familiar representa, señalando que esta idea fundamental de que un determinado grupo organizado electoral es bueno o malo en esencia no parece tener el mismo arraigo que años atrás. El punto es válido, y señalaría un mayor enfoque hacia la búsqueda de información de la persona que ha sido postulada para la elección popular, creando así la noción del candidato idóneo, es decir, del voto basado en la atinencia del individuo, su pertinencia y capacidad, más allá que la simple idea tradicionalista.

Este desprestigio de la figura agrupada y colectiva dada bajo una denominación política conlleva consigo un nuevo paradigma para el votante, señalando la necesidad de un mayor acceso a la información referente a las personas postulantes. Acá destacan temas tan relevantes como la ideología económica, los valores, la concepción del Estado, la defensa de la libertad y la propiedad privada, los cuales señalan tener una mayor importancia en la elección pragmática final, siendo que el votante serio y responsable debe realizar un juicio de conciencia previo, y un alineamiento de sus ideales y creencias para con quien mejor lo represente.

Cabe indicar que este escrutinio de la persona por encima del partido tampoco debe ser excluyente, es decir, no debe ser realizado soslayando a la colectividad organizada, pues tampoco es válido un individuo que sostenga ciertos postulados que no son de recibo en su mismo partido, implicando la necesaria simbiosis entre ambos. Adicionalmente, el análisis del votante no debe ser idealizado, sino racionalista, implicando una revisión seria de las propuestas y su aplicabilidad práctica.

Es así como puede indicarse que el voto es un derecho fundamental, pero a la vez un deber, que conlleva consigo una responsabilidad, la cual debe ser ejercida mediante un estudio fundamentado y serio en referencia a la capacidad intrínseca en las personas, más que de una bandera partidaria que parece estar en decadencia, en especial con una oferta electoral tan amplia, no pareciendo ser congruente la aseveración de la no existencia de información para el ejercicio del sufragio.







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